Hijo de pintor, empezó una formación plástica tradicional con maestros de pintura y dibujo hasta llegar a los veinte años, edad en la cual lógicamente, puso en duda todo lo que había aprendido para volver más tarde con aportaciones enriquecedoras al lenguaje plástico y pictórico.

Como si la historia del arte se tratara de un péndulo, su generación volvía a poner elementos figurativos en las obras, ya que tenían cosas que decir, reivindicaciones sociales. Una buena forma de saltarse la censura y dar un mensaje contrario al régimen, era mediante elementos reconocibles contrarios a los del informalismo imperante de la falsa izquierda. Esta generación es la que se corresponde al expresionismo alemán, el pop inglés, o la transvanguardia italiana. Ellos le llamam, nueva figuración.

Ha vivido a caballo entre Estados Unidos y España, entre Nueva York, el Soho, East Hampton, Miami, y Barcelona, Mallorca o Sant Martivell. Y siempre su obra se ha contagiado de la zona donde ha estado y ha hecho que su evolución haya sido un constante cambio, como un camaleón que recoge todos sus cambios de piel.

Con un afán de encontrar algo nuevo, siempre ha compaginado la pintura con la escultura, sus obras y iconografías pictóricas no quedarían completas sin todos esos periodos de incesante búsqueda escultórica, que en cierta forma han culminado en las Líneas en el espacio y en el Miraestels.

A Llimós le interesa la figuración, pero no el realismo, decir cosas en imágenes pero no competir con la realidad. Entre muchas otras experiencias ha pasado del arte conceptual, a la negación de la pintura, llenando espacios de rayitas, para volver más tarde a pintar por la necesidad de decir cosas. Robert ha hecho cantidad de fotografías, aunque nunca le han interesado como un medio de expresión; como si intuyera que algún día podría pintar algo diferente, algo desconocido.

Son muchas cosas y muchos cambios, pero de todos los momentos pictóricos ninguno de ellos sería tan importante, como la experiencia que vivió en año 2009 en Fortaleza, Brasil.

FORTALEZA

“En un viaje a Fortaleza, Brasil, que hice en 2009 viví una experiencia que me ha marcado para siempre…

“Una tarde salí a dar un paseo para inspirarme con el paisaje; montículos de dunas hasta el horizonte, aguantadas por cuatro árboles, un cielo nublado, un paisaje espectacular. De repente, al mirar al cielo, mi sorpresa fue enorme al ver que, medio camuflado por las nubes, se visualizaba un OVNI. ¡Ya estamos!, pensé, existen de verdad, los tengo delante de mí. Y tengo un bloc y un lápiz en mis manos, es mi oportunidad, ¡tengo una imagen nueva!

“Mis sentidos estaban absorbiendo todo lo que se estaba presentando, empecé a dibujar lo que estaba viendo: luces, líneas y el juego de camuflaje de la nave con la niebla y las nubes. Con la mirada fija sobre el papel, me di cuenta que a mi lado empezaban a proyectarse unas luces que me pasaban por encima, me estaban escaneando. Miré la nave, vi una ventana abierta y en su interior dos personajes que me estaban observando: un hombre y una mujer, los dos con unos cuellos muy largos y una piel escamosa. La mujer con una diadema en la cabeza y un vestido largo, el hombre con una casaca, otorgándole un aspecto arcaico y señorial. Creo que pasaron como dos o tres horas, demasiado tiempo para solo diez apuntes; diez dibujos a lápiz, a modo de borrador, sin entrar en los detalles de los personajes aunque mantenga su imagen muy grabada en la memoria.

“Al volver a Barcelona, me puse a pintar rápida e intensamente, ya que tenía una exposición y quería introducir este nuevo tema. La exposición se organizó en la Galería Alejandro Sales bajo el titulo Contacto, y se inauguró el 1 de octubre de 2009. También durante el tiempo que duró la exposición ocurrieron cosas extrañas. Llamando a Verónica Soto, una de las periodistas que me había entrevistado, la conversación fue cortada por unas vocecitas y unas respiraciones muy acusadas, no era una interferencia mecánica. Tenían pausas y sentimientos, pero eran totalmente incomprensibles. Los dos coincidimos en que ellos nos estaban agradeciendo el hecho de divulgar su existencia. Esto me sucedió otras cinco veces más en el periodo de tiempo que duró la exposición.

“Mucha gente cuestiona esta historia y me preguntan por qué esto me ha pasado a mí. Yo sé que puede parecer raro, incluso a mí a veces me lo continúa pareciendo, pero creo que es por qué lo puedo explicar gráficamente. Ellos, en ese momento, me escogieron a mí para que yo los pudiese representar o mostrar de una forma ilustrativa, sin historias sensacionalistas, novelescas o cinematográficas que alarmen a la sociedad. Gracias a las diferentes técnicas pictóricas que domino he podido plasmar de una forma más precisa una experiencia que me ha cambiado la forma de ver el arte y la vida. La pintura tiene vigencia para plasmar estas imágenes que nunca antes habían sido representadas, ya que no existen fotografías de estos acontecimientos.

 “Creo que interpretar este acercamiento ha sido una respuesta a la escultura acuática Miraestels que tengo en el Port de Barcelona; está protegiendo el mar y pidiendo ayuda mirando al cielo. Desde siempre he pensado que serviría para entrar en contacto con el más allá y finalmente así ha sido.

“Espero que este “hermano mayor” nos ayude a limpiar este mundo y hacerlo un lugar mejor para vivir”. 

Robert Llimós