Yamandú Canosa representará a Uruguay en la Bienal de Venecia 2019 por Débora Quiring. La Diaria. 12/11/2018.

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Yamandú Canosa representará a Uruguay en la Bienal de Venecia 2019

En los 70, Yamandú Canosa (1954) comenzó a estudiar Arquitectura y, en paralelo, a organizar exposiciones individuales. En esa época, recuerda que el dibujo como disciplina artística se transformó “en una herramienta de comunicación urgente” y disruptiva. Al poco tiempo (1975) se trasladó a Barcelona, y desde ahí se dedicó a trabajar ejes transversales, como la identidad cultural, la memoria y la experiencia, y participó en exposiciones colectivas de museos como el Reina Sofía (Madrid), el Sprengel (Hannover) y el Dalí (Estados Unidos), entre varios otros. En 2011, la Fundación Suñol de Barcelona organizó una importante retrospectiva de sus últimos 20 años de trabajo (El árbol de los frutos diferentes), y unos años antes (2007) recibió el premio Pedro Figari en reconocimiento a su trayectoria.

Si el equipo seleccionado para la Bienal 2018 se había propuesto tomar la palabra y comenzar a hablar de temas que creían urgentes, a la vez que se planteaba una posición con respecto a la dimensión cultural de la arquitectura, este nuevo proyecto llamado La casa empática apunta a la historia de los mestizajes y las migraciones, concebida desde la arquitectura y la ubicación geográfica del pabellón uruguayo.

“Para hacer un proyecto como este, que aspira a ser global, como primer gesto me interesó colocar el pabellón uruguayo en el predio de Venecia, y descubrí que se ingresaba por el sur, lo cual es muy significativo”, dice Canosa desde Barcelona. El artista plantea que, frente a la pequeña proporción del pabellón en relación al de otros países, pronto surgió esta propuesta de casa, un espacio que ya se advierte como empático, y luego pensó cómo se podría adjetivar la palabra con una serie de ideas en las que ha estado trabajando estos últimos años, vinculadas al territorio, el paisaje, la cartografía y la transversalidad.

El proyecto, dice, incluye una intervención en la fachada del pabellón, a partir de cuatro planos de color, con cuatro imágenes, “que es como un anuncio de lo que se encontrará adentro”: en el interior “se entienden las claves enigmáticas, y se dibuja un paisaje que se estructura alrededor de la línea del horizonte que atraviesa los cuatros muros, y propone un paisaje global. Así, en cada muro hay un color que lo diferencia y que cuenta con un plano que hace de territorio, que está acotado por una frontera pero se trata de una frontera fallida; esta es la hipótesis utópica que proponemos”.

Así es como Canosa, combinando múltiples técnicas, diseñó un proyecto sobre cuatro muros que se armonizan con el horizonte, ya que este “es la bisagra que organiza todas las imágenes”. Allí, el visitante encontrará fotos, dibujos, óleos y una gran diversidad de tipologías formales. “Hace unos años hice una exposición retrospectiva que se llamaba El árbol de los frutos diferentes, y el nombre se refería a que cada obra y disciplina era distinta. Me gusta contextualizar y contraponer fotografías con dibujos, con pintura, con dibujos murales, con frases, para que, todo junto, conforme un paisaje diverso”. Por eso, advierte que él no es un purista de la disciplina: “Utilizo aquella con la que me siento a gusto, y las voy mezclando, porque el cruce de disciplinas y estilos nombra la complejidad de la realidad a la que nos enfrentamos cada día. Ya que es compleja, y no unitaria, como a veces puede sugerir algún estilo artístico, que parece reducir la realidad a una sola versión, cuando los input que recibimos siempre son dispersos, diferentes y contradictorios. Esa tipología de mi experiencia con la realidad y con la vida intento que también aparezca en cómo yo enfrento la creación”.

Seguir leyendo: Yamandú Canosa, La Diaria, Noviembre 2018

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