Diego Pujal

urdimbre

 

 

curaduría / curated by

Jordi Garrido

 

 

 

 

Exposición [Exhibition]:

desde el 2 de junio de 2020

[from June 2, 2020]

 

Et je me crée d’un trait de plume

Maître du Monde,

Homme illimité

 

Pierre-Albert Birot- Les amusements naturels

 

La pintura a menudo es comparada con la escritura. La soledad del acto creativo, la introspección necesaria e inevitable, el reescribir (y su equivalente, el repinte), y a menudo, la necesidad de una cohesión en el objeto final, convierten a las dos disciplinas en primas de semejanza distraída. Marguerite Duras decía que «la soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo». Esa soledad es también la del pintor, que en su estudio deviene demiurgo obligado a hallar la mejor manera de tejer las hebras de su cosmos.

 

Diego Pujal (Buenos Aires, 1971) es habitualmente clasificado como pintor; sin embargo, rápidamente advertimos que la categoría se queda corta, pues Pujal, como todo el que profundiza en su práctica, tiende a transgredir las fronteras de la misma. De hecho, en esta ocasión, no solamente se han expandido los límites teóricos de la pintura, sino que el propio objeto artístico -en otras palabras, los lienzos- también ha ido más allá. En los últimos años, Pujal ha explorado los límites de la depuración de su lenguaje visual: manchas de color perfectamente delimitadas y planas, a menudo superpuestas unas a otras y siempre flotantes en el vacío. Estas capas de formas orgánicas se entrelazan en los ojos del observador creando espacios de recogimiento y meditación, a la manera que lo haría un tejido: creando coherencia física (y metafísica) y a la vez permitiendo dobleces y pliegues.

 

La coherencia física de las piezas de Diego Pujal ha tomado en su última serie de trabajos una nueva dimensión, puesto que literalmente han sumado una tercera a la bidimensionalidad del cuadro. Las formas negras abandonan el llano de la pintura para ganarle espacio al observador, como apreciamos claramente en urdimbre 2 y en urdimbre 3, y de este modo, provocar un cambio real en su entorno sensible. En el paso hacia la tridimensionalidad que ha tomado la obra del artista bonaerense hallamos, ya en el título de la serie, urdimbre, una velada referencia a la tridimensionalidad subyacente de la superficie pictórica: los hilos paralelos que en el telar cruzan la trama para ser definitivamente unidos en el lienzo. Al mismo tiempo, es la urdimbre misma -en este caso arpillera- la que se explicita bajo el negro flotante en las urdimbres.

 

A la postre, la muestra Urdimbre en la galería Zielinsky no nos muestra sino la reafirmación del refinamiento de un lenguaje pictórico. Como en los versos de Birot, Diego Pujal se nos muestra Maître du Monde: a golpe de pluma (o de pincel, o de impresora 3D) se crea un cosmos a medida, pensado para que lo habitemos entre todos.

 

Jordi Garrido

 

 

 

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 DURAS, M. Escribir (2ª Ed.). Barcelona: Tusquets, 2009.