Zielinsky Barcelona se complace en presentar, del 7 de julio al 4 de septiembre de 2026, “Duplicar y repetir”, exposición colectiva formada por Cisco Merel, Cybèle Varela, Lotty Rosenfeld, Robert Llimós, Valdirlei Dias Nunes y Vera Chaves Barcellos. La repetición, el doble, la clonación y el espejo articulan el recorrido expositivo, que abarca más de cincuenta años, desde “Estudi per Espai Ple III” (1970), de Robert Llimós, hasta “Mirador” (2026), de Cisco Merel. Más que una reiteración formal, la repetición aparece aquí como un mecanismo capaz de producir diferencia.
Partiendo del gesto conceptual de repetir elementos para generar una tensión en la escena, Vera Chaves Barcellos (1938, Porto Alegre, Brasil) presenta un libro de artista compuesto por una secuencia de siete láminas fotográficas idénticas. En ellas conviven dos imágenes: el andén de una estación de metro, con sus curvas y luces, y el interior de un vagón, con sus asientos y pasajeros. El único elemento que cambia visiblemente es la cuenta de los días, del primero al séptimo. Nada sucede, nada altera la escena, todo permanece suspendido en una repetición continua. En la notación musical, “Da Capo / D.C.” es una instrucción frecuente en la música barroca que indica al intérprete volver al inicio de la pieza y ejecutarla nuevamente. En esta obra de Chaves Barcellos, sin embargo, la repetición deja de ser una instrucción para convertirse en una forma de medir el tiempo. Cada imagen es idéntica a la anterior, pero la sucesión de los días introduce una diferencia mínima e irreversible. La repetición constituye uno de los procedimientos centrales en la práctica de Chaves Barcellos, estrategia compartida por buena parte de los conceptualistas de las décadas de 1960 y 1970. También de Chaves Barcellos se presenta la serie fotográfica “O Grito”, producida entre 2004 y 2009. La obra consiste en la captura de expresiones faciales extraídas de los medios impresos y televisivos, donde los gritos –de emoción, dolor o alegría– de los deportistas resuenan en silencio en nuestras cabezas.
Cisco Merel (1981, Ciudad de Panamá, Panamá) recupera formas arquitectónicas populares para construir una serie de dispositivos domésticos. “Mirador” (2026), concebida inicialmente para su exposición individual en la Kunsthalle Lissabon, se desplaza ahora a Barcelona para ocupar el espacio central de la galería. La pintura-escultura –una ventana que se abre sobre sí misma– está construida en espejo: sus colores se invierten y se enfrentan continuamente. Dos planos se abren por completo hasta borrar la distinción entre interior y exterior. El método constructivo de estos trabajos parte del término panameño “La Chantin”. Como señala el texto de la exposición en la Kunsthalle Lissabon: "El término viajó con la diáspora afroantillana durante la construcción del Canal de Panamá, dando nombre a una arquitectura de urgencia y resistencia: casas de madera elevadas del suelo para responder a la humedad tropical y, sobre todo, concebidas para ser desmontables. Estas estructuras podían desarmarse, trasladarse y crecer según las necesidades de las familias y de las comunidades". En ese contexto, repetir un modelo nunca significa producir una copia. La casa, la ventana o el refugio se expanden, se contraen y se transforman según las condiciones del lugar. La repetición produce variaciones: cada nueva versión incorpora la memoria, las necesidades y las circunstancias de un contexto diferente.
También desde la ocupación imaginaria del espacio se presenta “Sem título (2 barras douradas)” (2022), de Valdirlei Dias Nunes (1969, Bom Sucesso, Brasil). Dos formas doradas se repiten sobre un fondo negro que enfatiza los elementos que atraviesan la escena. Es posible afirmar únicamente con la mirada que ambas barras poseen exactamente la misma dimensión? O será que, al concentrar la atención en una diferencia mínima, comenzamos a percibir variaciones que antes pasaban inadvertidas? A lo largo de más de tres décadas de producción, el artista ha desarrollado un lenguaje marcado por gestos precisos y silenciosos, en el que la geometría y el vacío permanecen en tensión constante. Sus pinturas buscan un delicado equilibrio entre estructuras aparentemente rígidas y la sutileza del gesto. A primera vista, estos elementos se presentan como formas abstractas, pero pronto revelan su verdadera naturaleza –bastidores, cajas, rejas o recipientes. Delicadas configuraciones geométricas ven su ritmo interrumpido por objetos que cortan, caen, emergen o perforan la escena, reorganizando la mirada del espectador. Quizá la repetición dependa menos del objeto que de quien lo observa. Cuanto más tiempo permanecemos frente a dos formas aparentemente iguales, más difícil resulta sostener la idea de una identidad absoluta.
Formalmente semejantes, aunque realizadas de maneras completamente distintas y con 56 años de diferencia, las obras de Dias Nunes y Robert Llimós (1943, Barcelona, España) se aproximan a través del gesto: las líneas diagonales. Mientras Dias Nunes busca la exactitud de las formas, Llimós explora su contrario en "Estudi per Espai Ple III" (1970). Entre 1970 y 1973, Llimós llevó a cabo una serie de investigaciones centradas en la repetición del trazo y la organización geométrica de la superficie. A través de líneas superpuestas y gestos caligráficos reiterados, estas obras reducen el lenguaje visual a sus elementos esenciales. La línea se expande hasta ocupar la totalidad del papel, convirtiéndose en el eje de la composición. Desvinculada de cualquier intención representativa, la imagen se afirma como un ejercicio de ritmo, estructura, gesto y repetición.
Un personaje extraño nos observa. Permanece al acecho, viendo y siendo visto. Se asoma por detrás de la pintura de un cielo azul. Cybèle Varela (1943, Petrópolis, Brasil) está detrás de la obra, tanto en su condición de artista que ejecuta la pintura como en la de personaje que devuelve nuestra mirada. En “Cybèle” (2001) conviven múltiples dobles: el autorretrato ocupa una mitad de la pintura, mientras la otra mitad reproduce una obra anterior de la propia artista. Realizada dentro de un conjunto de trabajos desarrollados entre 1997 y 2001, la obra forma parte de un momento en el que Varela comienza a representarse en distintas posiciones, oscilando entre la representación de sí misma como individuo y como artista. En pinturas, fotografías y videos aparece frecuentemente con el rostro cubierto por pintura roja o utilizando máscaras, instaurando un juego entre identidad, performance y representación. El autorretrato deja entonces de ser un ejercicio de reconocimiento para convertirse en un espacio de desdoblamiento. El doble ya no refleja una identidad estable; la pone en escena, la desplaza y la vuelve incierta.
Por último, la exposición reúne dos versiones de “Sin título” (1999), de Lotty Rosenfeld (1943, Santiago, Chile), pertenecientes a una serie poco conocida de la artista. Como gesto curatorial, se optó por presentar dos obras casi idénticas. La serie aborda la reproductibilidad en distintos niveles: toma como punto de partida a la oveja Dolly y a Bonnie, su primera cría, nacida de forma natural un año después de la clonación; se desarrolla mediante la serigrafía, una técnica asociada a la reproducción múltiple; y se apropia de la portada de un periódico, soporte cuya propia naturaleza depende de la circulación masiva de imágenes e información. El caso Dolly fue ampliamente difundido por los medios de comunicación desde finales de la década de 1990, convirtiéndose rápidamente en un símbolo de las posibilidades –y de las inquietudes– asociadas a la clonación. Sin embargo, aunque todos los elementos de la obra apuntan hacia la reproducción, Rosenfeld decide realizar ediciones únicas, interviniendo cada ejemplar con elementos ajenos a la imagen central, como la figura de una santa o números que remiten al contador de una película. Al renunciar a la multiplicación propia de la serigrafía, introduce una interrupción en la lógica reproductiva que atraviesa toda la obra. La secuencia se detiene. La reproducción se suspende. Entre clones, periódicos, serigrafías, ediciones únicas y la célebre frase de Arthur Rimbaud: “Yo es otro”, la obra multiplica a otros niveles la idea de reproductibilidad. El doble deja de ser una copia para adquirir una existencia propia.